No fue un impulso. No fue “descontrol”.

Cuando un hombre violento elige no hacerlo frente a su jefe, frente a la policía, frente a alguien con más poder o en un lugar donde puede tener consecuencias, está demostrando que sí sabe controlar su conducta.

La violencia no es pérdida de control: muchas veces es abuso de poder.

Dejemos de justificar la violencia. Empecemos a nombrarla.

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