que llegue otro que crea poder hacerlo mejor y vuelta a empezar. Lo cierto, no obstante, es que ya están asentados, han servido de catalizador para que muchos desarrolladores y empresas traigan sus aplicaciones a Linux —no a una o dos distribuciones, sino al ecosistema— y para que aún más usuarios disfruten de ellas sin complicaciones. **¿Qué hay de malo en ello?**

En mi opinión, varias cosas. Algunas han cambiado, otras no. Siempre me quejé de uno de los males del modelo, como es el excesivo espacio en disco que gastan las aplicaciones instaladas debido a la cantidad de dependencias repetidas, un coste que Flatpak mitiga compartiendo entornos de ejecución y evitando duplicaciones de archivos. Todavía no ha alcanzado la eficiencia del modelo tradicional, pero se ha avanzado lo suficiente como para que no duela. A todo esto, no es imprescindible, pero tampoco está de más perder un par de minutos de vez en cuando con el mantenimiento de Flatpak.

La integración con el escritorio fue también uno de los aspectos que menos me atrajo, pero también se ha avanzado bastante con ello, de nuevo, sin tocar techo. Las integraciones profundas se siguen resistiendo y no tengo mejor ejemplo que el de KeePassXC y los navegadores: si alguien lo ha conseguido, que me lo diga (me refiero a la integración del gestor de contraseñas y el navegador, ambos en formato Flatpak o Snap… y sin hacer cosas raras).

¿Otros problemas que haya detectado con los años? La compatibilidad con el hardware se puede resentir en casos determinados. Entre las posibles causas está el aislamiento, una de las ventajas de seguridad de Flatpak y Snap frente a los paquetes tradicionales, que puede ocasionar problemas con el reconocimiento o aprovechamiento de recursos. Me ha pasado con lanzadores de juegos, software de edición multimedia… Y me ha pasado lo contrario también: encontrar mejor soporte predeterminado que el «nativo» en aplicaciones como navegadores web.

Tampoco voy a entrar en detalles técnicos, eso lo dejo para otro día. Hoy me conformo con soltar lo de que **Flatpak ha ganado la partida**, algo que, creo, se deduce a simple vista a poco que se esté al día. Y no reniego de Snap, ¿eh? En Ubuntu lo sigo usando, aunque sea para no perderle la pista. Pero incluso en Ubuntu necesito instalar Flatpak y, claro, Flathub, para no quedarme sin alguna de mis aplicaciones habituales: las hay que están y, además, bien mantenidas; las hay que están abandonadas y las hay que… Que no las hay, vaya.

Para que nadie me diga nada, varios ejemplos de aplicaciones populares: Heroic Games Launcher, Inkscape, OBS Studio, qBittorrent, Stremio, Upscayl, Zen Browser… La tarea de mirar cuáles están en uno u otro sitio y con qué nivel de mantenimiento, os la dejo a vosotros. ¿Hay ejemplos a la inversa? Dejádmelos en los comentarios.

Voy más allá: si antes aplicaba y recomendaba la máxima de «primero, los repositorios de la distribución», hace ya bastante que **lo hago justo al revés**: salvo que hablemos de aplicaciones intrínsecas del entorno de escritorio, o de aquellas que me pueden dar problemas como los ya comentados, priorizo Flatpak. Para casi todo. Y como sistema principal llevo un tiempo usando Tumbleweed, por lo que la ventaja de estar siempre actualizado ni la tengo en cuenta.

La ventaja de instalarlo todo como usuario, y no como administrador, sí la tengo muy en cuenta. O la posibilidad de configurar los permisos de una aplicación. También el aislamiento, que no está presente en todas las aplicaciones, pero es un punto a favor, por más que tenga sus aristas. En ocasiones, encontrar compilaciones más completas o más pulidas es un extra, qué duda cabe. Pero si tuviera que destacar un beneficio, sería el de poder disfrutar de la misma experiencia sin importar la distribución. _What else?_

La entrada Flatpak ha ganado la partida es original de MuyLinux