Ha perdido -por fin- la celada que lo cubría como a un caballero de la Orden del Temple. El ficus -el gigante verde almeriense, la centenaria higuera australiana que llegó por barco de vapor a finales del XIX- se ha liberado de su armadura medieval, de esa valla que lo entallaba y lo mantenía maniatado como a un desnortado con camisa de fuerza, mientras los albañiles colocaban la piedra del Paseo. Ahora luce de nuevo su pelambrera al sol de este otoño membrillero, sin que esté ya el hombre del esparto sentado junto a sus raíces, ni la estructura del kiosco con el que lindaba. Pero ha vuelto a nacer, ha vuelto a respirar libre, dejando atrás sus ligaduras, en ese cruce de caminos entre la calle Lachambre y el viejo camino de La Vega denominado Francisco Rueda López. A los cafeteros del Parrilla Pasaje, su follaje le sirve de visera, desparramándose de acera a acera del nuevo boulevard. Le han colocado un poyete de madera y de metal que sustituye al que tenía de piedra y parece que luce más. Las arrugas del tronco son el carné de identidad que le acredita como el árbol más veterano del Paseo. Ha visto de todo este árbol, como un mástil de madera en la proa de la ciudad, como un vigilante de una playa, como un árbitro de tenis subido en la escaleta, contemplado la pista de tierra batida.Leer más
Almería Enlace a la noticia: https://www.lavozdealmeria.com/almeria/677081/ficus-paseo-vuelve-respirar.html
Ha perdido -por fin- la celada que lo cubría como a un caballero de la Orden del Temple.
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